Un acto de racismo, un despido y una Justicia indiferente

29/Sep/2014

El Observador, Martín Silva

Un acto de racismo, un despido y una Justicia indiferente

En Uruguay hay, en
promedio, dos denuncias cada mes por discriminación hacia afrodescendientesCon lágrimas en sus ojos,
Marcia Rodrigues, oriunda de Brasil, asegura que fue discriminada por su piel
negra en un local comercial en Montevideo. A la altura del Ministerio de Salud
Pública, Marcia entró a un local de venta de helados, y haciendo fila para
comprar presenció cómo una empleada del local fue ofreciéndole helados a todos
los que estaban a su alrededor mientras aguardaban su turno. Le ofreció incluso
a personas que habían llegado después que ella. Pero a ella no. Así empezó esta
historia que días después terminaría con un despido.
“No había excusas para
decir que yo no estaba ahí, que no me vio. Y yo en ese momento pensé muchas
cosas, de qué fue lo que pasó en realidad (…) después me di cuenta lo que había
sucedido y esperé mi turno de pedir el sándwich». Miró alrededor y se
percató de que era la única persona de raza negra en el local.
Luego, se dirigió a la
cajera y mencionó lo ocurrido: “Recién pasó una situación extremadamente
incómoda y me pareció bastante ofensiva”. Una persona que se encontraba detrás
de ella confirmó diciendo «¡Yo vi!». Según relató a El Observador, la
cajera respondió que tenían una promoción de 10% de descuento en los helados y
que, por lo que había pasado, le daría 20%. “Acá no se trata de descuentos.
Estoy hablando de actitud”, le contestó Marcia a la cajera.
Muchas denuncias y pocas
respuestas
Según la Unidad Temática
por los Derechos de los Afrodescendientes de la Intendencia Municipal de
Montevideo (IMM), existe un promedio de dos denuncias mensuales por casos de
discriminación a  personas de raza negra.
La directora de la unidad, Beatriz Santos, dijo a El Observador que la
organización sólo puede «orientar a la gente a que presenta denuncias en
las comisarías», pero que «no hay marco jurídico» para dar
respuesta a la problemática desde la unidad.
«Nos llaman y nos
cuentan que están siendo víctimas de la problemática. Convocamos a la persona a
la oficina, vienen, hablan con nosotros y por lo menos se van con esa
contención. Por lo menos hay una institución que da contención a su
problemática», aseguró Santos.
En Uruguay existen tres
organizaciones estatales que trabajan en coordinación para recibir denuncias
por discriminación racial. La Unidad Temática de la comuna capitalina, la
Comisión Honoraria contra el Racismo y la Xenofobia del Ministerio de Educación
y Cultura (MEC), y la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del
Pueblo.
A pesar de que existen
vínculos entre ellas, estas instituciones no pueden realizar apercibimientos ni
aplicar multas. En el caso de la Comisión Honoraria contra el Racismo y la
Xenofobia, se realizan informes para que sean presentados frente a los
juzgados, en el caso de que la víctima de discriminación haga una denuncia en
la Justicia.
La directora de la
comisión del MEC, Alicia Saura, dijo a El Observador que el organismo puede presentar una denuncia, a
entendimiento de la comisión, cuando se configura un delito y se considera que
es necesario denunciar penalmente. No puede presentar ninguna denuncia en otras
áreas del derecho, como el derecho laboral o civil. En el caso de
discriminación laboral, la comisión da a conocer el caso a la Inspección
General del Trabajo, del Ministerio de Trabajo, que sí tiene potestades de
multar.
Para la directora de la
Unidad Afro de la IMM, son pocas las denuncias que llegan a la sanción.
«Se va por la tangente, hay confusiones. Yo creo que hay una herramienta
que está fallando en ese sentido. Hoy también hay una política de desgaste.
Hacen ir a la persona tantas veces a un lado y a otro que la persona, al final,
termina abandonando las denuncias».
La Comisión contra el
Racismo y la Xenofobia del MEC ha registrado 78 denuncias por discriminación
hacia afrodescendientes entre 2007 y 2014. Ningún organismo relacionado con la
defensa de los derechos de los afrodescendientes tiene datos sobre la cantidad
de denuncias que efectivamente son penadas por la Justicia.
Raúl Oxandabarat, vocero
de la Suprema Corte de Justicia, declaró a El Observador que no existen números
sobre cuántas penas por discriminación hacia afrodescendientes se han imputado.
Marcia tiene 32 años,
está cursando una maestría en educación y es miembro del Fondo Cristiano de
Educación en Angola, de la Universidad Católica del Uruguay. Está haciendo
vínculos para llegar a un acuerdo de intercambio entre los dos países y,
además, es docente de música.
Según dijo a El
Observador, luego de que se quejó con la cajera en el restaurante al que
asistió, se quedó a esperar la comida. “Yo podría haberme ido, pero me senté a
comer porque hice la queja y esperé las disculpas (…) la dueña me pidió
disculpas y vi que ella salió a hablar con la chica que no me atendía. Y la
chica pasó por al lado mío con cara sarcástica y no me dijo absolutamente nada».
Cuando terminó de comer,
Marcia se acercó de nuevo a la cajera y le dijo: «Quiero hacer una queja
formal. Simplemente ofrecerme un descuento, no es correcto. Algo tiene que
pasar acá». La respuesta que recibió de la cajera fue: ‘Eso no es un problema
tuyo’, según relató a El Observador.
Después del episodio,
decidió realizar una denuncia en la Seccional N°5. Publicó en Facebook la
constancia de la denuncia, con una carta contando el caso: “Creo que muchas
personas solo se dan cuenta o denuncian un acto de discriminación cuando la
conducta abusiva se acerca a la agresión física. Las discriminaciones «más
discretas» son las que menos escuchamos pues están naturalizadas en la
vida cotidiana (…) culturalmente, son aceptadas, reforzadas y no reciben
ninguna atención. Basta a de impunidad y de discursos sin acción. Tenemos todos
el derecho a ser tratados con igualdad”, manifestó Marcia en su cuenta
personal.
Antecedentes
El Código Penal de
Uruguay, en su artículo 148, prevé que
la persona que cometa «actos de
violencia moral o física o de desprecio” contra una o más personas en razón de
su color de piel, su raza, religión, origen nacional o étnico o identidad
sexual, puede tener una pena de tres a dieciocho meses de prisión. Lo mismo
sucede con los que incitan al odio o al desprecio público a las personas en
razón de su raza, religión, orientación sexual, etc. En este caso, la pena
puede ir desde seis a veinticuatro meses en la cárcel.
El vocero de la Suprema
Corte de Justicia aseguró que los casos de sentencia penal por discriminación
son «mínimos» en comparación con otros delitos. Según dijo a El
Observador el director de la Institución Nacional de Derechos Humanos, Juan
Faroppa, “no se han dado casos en donde se haya aplicado estrictamente la ley
contra la discriminación”.
En 2013, el caso de la
joven Tania Ramírez tuvo amplia repercusión. La universitaria afrodescendiente
de 27 años sufrió una golpiza a la salida del boliche Azabache, mientras
esperaba un taxi. Por esa causa, la joven fue internada en CTI. Desde distintos
ámbitos se calificó el episodio como un acto racista. Cuando el caso fue a la
Justicia, el magistrado Carlos Fernández Lecchini descartó el contenido racista
de la agresión y condenó a las agresoras por «lesiones graves».
Una respuesta
Luego que Marcia publicó
en las redes sociales la denuncia, la encargada del local de comidas del Cordón
le escribió un mensaje personal en Facebook.
«Nos apena mucho que
hayas tenido que pasar por esto y te hayas sentido discriminada de alguna
manera. La funcionaria con la cual tuviste este inconveniente ya no trabaja más
con nosotros. (…) Esperamos ser afortunados y poder contar con tu presencia
nuevamente en nuestro local», escribió la jefa del lugar.
Marcia prefirió no
responder. Fue a la comisaría para saber los avances en la investigación
policial y, según relató a El Observador, la denuncia no había sido ingresada
al sistema. Habló con el comisario de la seccional. Le contestó que el reclamo
había quedado sólo en papel y que él nunca se había enterado del caso. Le
aseguró que investigará la situación.
«A pesar de que todo
el mundo va y nadie hace nada, yo creo que hay que denunciar. No se puede ser
indiferente con esto. He recibido el apoyo de una gran mayoría en las redes
sociales, pero hubo algunos pocos que no. Hubo un caso en que me llamaron de
conventillera. Y yo sé de dónde viene esa palabra. Viene del conventillo, donde
vivían los negros. Es un concepto histórico, de que los negros gritan y hacen
barullo. ¿Los blancos no lo hacen?».
Según Marcia, es
necesario «hacer algo» para que estas reacciones, que a veces pasan
desapercibidas, no ocurran nunca. Con esperanzas de tener respuestas, afirmó:
«Todo empieza aunque sea por un grano de arena. Yo estoy haciendo mi
parte».